Hola, mi nombre es Cristina

Si está leyendo estas lineas es porque quiere visitar la ciudad de Maguncia, una ciudad con una gran historia en el corazón de Alemania.

Soy de Valladolid (España), aunque mi historia se podría contemplar como un producto de la globalización, ya que nací en Canadá y crecí entre Granada, Jaén y Valladolid. Mis estudios en ingeniería industrial me llevaron a Inglaterra. Desde el 2001 vivo en la ciudad de Maguncia.

Gracias a este constante contacto con diferentes ciudades y gentes, he desarrollado una gran capacidad de adaptación a nuevos desafíos culturales, la cual unida a mi curiosidad y pasión por la historia me impulsaron en el 2015 a comenzar mi trayectoria como guía certificada en la Ciudad Dorada de Rin. Actualmente soy miembro de la asociación de guías de Mainz y la asociación nacional de guías alemanes (BVGD).

Durante mis visitas, mi principal objetivo es siempre proporcionar momentos inolvidables a mis huéspedes, haciendo que se sientan como en casa. Mis tours se adaptan a ellos, a sus intereses y necesidades. Por lo cual, estos no se basan en una enumeración de acontecimientos y fechas, sino que mis tours son una experiencia de observación para comprender esta ciudad, a través de sus tradiciones y costumbres, que son igualmente importantes. A fin de cuentas yo también soy extranjera en este pais y todo esto fue nuevo para mi cuando llegué a Mainz en el 2001.

Somos lo que somos, por la historia que hemos vivido nosotros mismos y la que nos ha precedido, por eso el conocerla nos hace poder comprender hemos llegado a donde estamos y como somos.

Para mí sería un placer el poder recibirles en la ciudad en la que vivo y enseñarles lo que la hace ser especial para mí.

Si quiere una visita diferente, visite Maguncia conmigo.

El molino de Europa

«Y ahora imagínese su línea de antepasados desde el nacimiento de Cristo. Hubo un comandante romano, un hombre negro, moreno como una aceituna madura, que le enseñó latín a una muchacha rubia. Y luego entró en la familia un comerciante judío de especias; era un hombre serio, que se hizo cristiano incluso antes de casarse y fundó la tradición católica de la casa.

Y después se añadió un médico griego, o un legionario celta, un mercenario de los Grisones, un jinete sueco, un soldado de Napoleón, un cosaco desertor, un maderero de la Selva Negra, un joven molinero ambulante de Alsacia, un gordo barquero de Holanda, un magiar, un pandur, un oficial de Viena, un actor francés, un músico bohemio: todos ellos vivieron junto al Rin, pelearon, bebieron, cantaron y engendraron hijos; y de esa misma olla salieron Goethe, Beethoven, Gutenberg y Matthias Grünewald… Bah, búsquelo en el diccionario enciclopédico. ¡Eran los mejores, amigo mío! ¡Los mejores del mundo! ¿Y por qué? Porque allí los pueblos se mezclaron. Mezclados como las aguas de manantiales, arroyos y ríos, para confluir en una gran corriente viva. Del Rin, eso quiere decir: de Occidente. Eso es nobleza natural. Eso es raza. Siéntase orgulloso de ello, Hartmann, y cuelgue los papeles de su abuela en el retrete. Salud»»

El molino de Europa de la obra «El general del diablo» de Carl Zuckmayer